NOTA DEL
AUTOR
Empecé a escribir Las Escalas hace unas pocas semanas. Y es solo un decir: no escribí una sola palabra del texto final. Cada frase, cada carácter y cada imagen de este libro fue generado por una inteligencia artificial.
Mi tarea fue otra: aportar la idea original, decidir qué preguntas valía la pena perseguir y, mediante múltiples iteraciones, someter el texto a una curaduría exhaustiva hasta que satisficiera mis expectativas. Declaro que fueron superadas con creces.
Demás está decir que el libro llevó una fracción del tiempo que me habría requerido escribirlo de puño y letra. Pero, más importante todavía, alcanzó un grado de complejidad, extensión y conexión entre ideas que difícilmente habría podido lograr por mi cuenta.
Para el lector escéptico y purista, la lectura termina acá. Espero haber sido claro y brutal con el disclaimer; no tengo mucho que discutirle.
Para el resto, una confesión: esta idea lleva años en mi cabeza. Durante mucho tiempo existió apenas como una intuición, algo que sabía que quería pensar pero que nunca lograba convertir en una obra. Sin la ayuda de esta nueva tecnología, Las Escalas jamás habría visto la luz.
Yo tuve una idea y una máquina me ayudó a convertirla en un libro.
A pesar de las resistencias obvias del caso, me pareció oportuno compartirlo con quienes, simplemente, disfrutan de las ideas, independientemente de la mano —humana o no— que haya tecleado las palabras.